Legislación y cambio de enfoque

Los reglamentos, leyes y políticas de gestión del medio ambiente han evolucionado y, bien coadyuvan al proceso de transición desde los métodos de control hacia las estrategias basadas en la prevención, bien se procura que evolucionen al ritmo de esta transición.

 

No obstante, tanto los métodos que actúan en el “último eslabón de la cadena” como la PA+L repercuten directamente en la protección y creación de empleo. Es evidente que, en muchas regiones del mundo, especialmente en los países industrializados y las economías en transición, las operaciones de limpieza y subsanación abren importantes posibilidades de creación de puestos de trabajo. Al mismo tiempo, las tecnologías productivas limpias constituyen una nueva y prometedora industria que permitirá la creación de puestos de trabajo y que, por supuesto, precisará recursos adicionales para satisfacer las necesidades de formación y cualificación.

 

Esto se pone especialmente de manifiesto en la urgente necesidad de que los trabajadores activos en la solución de los problemas planteados por la regeneración del medio ambiente reciben una formación efectiva en la salud y seguridad en el trabajo y el medio ambiente. A pesar de la considerable preocupación producida por los posibles efectos negativos sobre el empleo del creciente control y reglamentación en materia ambiental, si los controles y reglamentos se diseñan correctamente pueden contribuir a la creación de puestos de trabajo, mejorar la calidad del medio ambiente y fomentar los resultados de la política de salud y seguridad en el trabajo.

 

Cambio de enfoque

 

En diversos países desarrollados desde el decenio de 1960 se ha venido produciendo otro cambio sustantivo en la concepción del medio ambiente (creo que en México aún estamos a años luz de eso), consistente en la evolución desde un interés exclusivo por los procesos productivos hacia una mayor atención a los efectos ambientales de los propios productos. El ejemplo más palpable de esta evolución es el automóvil, que ha inspirado enormes esfuerzos por mejorar su “eficiencia” ambiental, aunque sigue abierta la debatida cuestión de si se debe complementar su mayor eficiencia ambiental con un sistema de transporte público igualmente eficiente.

 

Es evidente, sin embargo, que todos los productos repercuten en el medio ambiente, si no en su producción y utilización, casi seguramente en su eliminación. Este cambio ha inspirado la promulgación de un cuerpo creciente de leyes y reglamentos reguladores del uso y eliminación de los productos y, en algunos casos, se ha llegado a la restricción o prohibición del uso de determinados productos. El proceso ha impulsado asimismo la aparición de nuevas técnicas de análisis, como la evaluación de impacto ambiental, el análisis de los ciclos vitales, la evaluación de riesgos y la auditoría ambiental. Esta nueva y más amplia perspectiva del medio ambiente no deja de tener implicaciones para el mundo del trabajo, en lo que atañe, por ejemplo, a las condiciones de trabajo de las personas empleadas en la eliminación de los productos y a las perspectivas de empleo de los trabajadores empleados en la producción, venta y prestación de servicios a los productos de uso prohibido o restringido. ¿Qué piensas? Compártelo y deja tu comentario

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